Un calamar gigante.

“Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho.
Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano,
en un ariete que contribuye a derribarlo”.

Concepción Arenal

Eso pasa siempre, ¡no hemos aprendido que en las peleas nadie gana!

¿Cómo dejar de pelear si cometen injusticias?

Vas caminando todos los días, por la calle y ves a la gente sufrir; equivocas una llamada telefónica y escuchas el hastío, desesperación, aburrimiento en una voz por segundos; el trafico la evidencia más grande de que las cosas no están bien y no van bien. ¿Se dan cuenta como actuan como animales irracionales? Agrediendo, aventando, ignorando…

Bueno ¿que más? … Las insolentes voces del otro lado del teléfono a quien no les importa nada, solo una cuota o un número. ¿No se dan cuenta que lograríamos más cosas si intentáramos conciliar a imponer? Pero no, algunas personas creen tener el derecho de que pasar por encima de estimas, amores, sentimientos, recuerdos… Porque se supone que son más importantes, ¿para quién?

Lo que queda es buscar a quien sumar, porque empezar de la nada, tiene sus méritos sin duda, pero es más tardado y ¿quién tiene tiempo en estos días? Escribiendo la frase, me viene a la mente una niña de cabello crespo… Una tortuga de caparazón parlanchin… Un Barrendero y un Cuenta Cuentos… Pero si abres los ojos, ves puro ser gris.

Sumar antes que restar, ¡pero no puedo sumar a quien no se lo merece!

Y retomo el rencor y el odio que se le profesa al indigno, al indiferente, al que te ve como número, nunca más como persona…. ¡Nunca como persona!

Ahora con todo ésto de las invasiones, ventas, regalos, donaciones… Éstos acuerdos prostitutos que tienen por costumbre celebrar los políticos, sobre todo los tricolores y sus hordas de seguidores… Que cuando digo hordas, no olvido la escena aquella cuando los hobbits salían de su apacible Comarca y se enfrentaban a tan feas y temidas bestias… En ésta época, con facilidad creería que todos esos seres fantásticos, miserables, arcaicos y execrables por los tiempos, podrían ser lo más ‘respetados’ miembros del PRI, los que tienen más largo el pedigrí.

Entre hombres grises o negros sin almas y malvados me siento en éstos meses, en éstos años.

Si bien hay grandes y afortunadas excepciones, que no las más, si lo suficientes para hacerte el día. En ocasiones pienso… Hugo no deberías tomar tan a pecho ésto de la desigualdad, del racismo, de la política, de tantos y tantos temas… Nadie lo hace a nadie le importa.

¡Pero como duele que se burlen de tu sociedad!

Y no me refiero a los de Top Gear de hace ya sus buenos meses, ¿años?. No me refiero a mucha gente de otros países… ¿Se vale decir, la comunidad internacional? Que se burlen o que sientan lástima por la sociedad Mexicana… aún hay quien quiera votar por el PRI.

¿Qué puede haber pasado en nuestra sociedad? ¿Qué daño nos fue causado o nos causamos nosotros mismos, que nos mantiene en tal, tan detestable, inconsciente colectivo que le permitirá a muchas personas votar por el PRI?

Realidad o Pesadilla, ¿dónde acaba una y empieza otra?

Todos los días me levanto pensando en lo mal que hace el PRI su trabajo, lo mal que está mi ciudad y mi Estado. No dejo de imaginarme a los políticos priístas como una horda (la repito a propósito) agrupada alrededor de una mesa, un cuarto humeante y apestoso, gris y frío, casi muerto o con la muerte rondando. Ahí los como se llamen políticos del PRI, como si el estado o el país fuera un juego de monopolio, aventando los dados y diciendo: “¡Si! Voy a construir una unidad habitacional aquí, necesito que 1,200 familias vengan a vivir para ganar las elecciones”. El otro afirma: “¡…8 y 9…! ¡Excelente! Entreguemos éstos predios, en dos o tres años nos comprarán en la plaza que está cerca de ahí”. Pero luego, como en una de esas frenéticas pesadillas de las que quieres pero no puedes despertar, todo se vuelca y ya no es un juego de monopolio, parece más bien, con éstos avances tecnológicos, algo similar a Grand Theft Auto, mafias por todos lados, políticos y delincuentes remando el barco y de capitán y tripulación.

Repentinamente te das cuenta que lo quieren controlar todo y te exaltas y dices y gritas y ¡GRITAS!… Pero solo hay silencio, a lo lejos escuchas o ves, ya no estás seguro. Una luz o una voz, caminas llegas te tiende la mano, te guía por el camino y no vez… solo oyes los gritos, lamentaciones y blasfemias. De vez en vez, sientes que te agarran y te detienen, pero sales… por fin, ¡estas fuera! y Volteas victorioso y eufórico a agradecerle a quien te tendió la mano y te guió, pero triste imagen al verlo, te tiene atado a sí con una cadena, con ese aliento ocre, áspero, deprimente. Esa indiferencia laciva, que denosta, que infamia.

Te tiene consigo, listo para nutrirse de ti, con su mano libre te voltea la cara, para que veas la tele, con la otra te encadena, con la otra, te desviste, con la otra abusa, con la otra… Un calamar gigante que te controla…

Pero eso es solo una pesadilla, cuando realmente estás despierto, no queda más que ver, como a cachitos, parte a parte, se desmorona, se cae  y se derrumba… En la pesadilla, al menos sabías que despertarías.

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