El tiempo sigue su curso.

¿Cuántas veces habré visto esta imagen en el pasado?

¿O ésta otra?

O ésta, ¿te acuerdas?

¿Cuántas veces hicimos esta ruta? Con el abuelo a nuestro lado, contándonos alguna historia del trabajo o de los foragidos que enterraron tesoros en todo éste sitio, o del tiempo que pasó buscando dinero enterrado. Cuántas veces habre pasado por aquí a tu lado, o al tuyo, con tus amigos que llevaste aquella vez y que les platicaste la historia de Netzahualcoyotl y que los tenías fascinados, aquí:

O, como olvidarte que nos decían que ya no andaban como chivos locos corriendo junto con nosotros. ¿Te acuerdas? El tiempo que pasaste jugando ‘fronton’ en la vacía alberda del abuelo, o a ti también te tocó limpiarle las pulgas a la ‘cachito’ o a la ‘petunia’, ver comer al Nerón, el Negro o el Chirris, con mi abuela.

Pero lo que no se me olvida es que estuve con todos ustedes, en San Miguel, un 12 de diciembre de fogata, ponche y fiesta, y alcanzamos a distinguir como en la penumbra, se alcanzaba a ver desde lo muy lejano, como alguien hizo una fogata aquí:

Quedamos de hacerlo nosotros un día, un día.

Yo me acuerdo que cuando entraba al cenador o al cuartito donde tenía todo el abuelo, intentaba imitar la lancha ligera y perfecta que tu fabricaste, o el helicóptero que me sirvió de inspiración para yo sacar un 10 en mi tercer grado de primaria con mi nave de los Jedi, hecha a mano, como lo hiciste tu.

El famoso cuarto azul donde solo tu dormías con ella mi otra prima y que solo ustedes tres atinaban a soportar los ronquidos del abuelo y los demás como peste en el cuarto de la abuela. El limpiar el terreno e ir por el agua de riego, la noche que intentamos llenar la alberca y que aflojamos la tierra y se lleno de lodo… En fin.

Las navidades gloriosas y los años nuevos, que hermosos recuerdos.

¿Qué nos pasó? ¿Por qué ahora una llamada de reunión es contestada con la apatía regular de la incomodidad propia de lo ajeno?

Siempre ha habido pretextos para todo, si porque fue tarde, si porque fue temprano, si en tu casa o la mía, o donde yo decido o tu, un juego de poder que termina por demostrar que no hemos aprendido a honrar los orígenes.

La indiferencia como único legado, la incapacidad de reunirnos con lo que se es hoy sin tapujos ni halagos, sin pretextos, sin lugares, solo ahí en un lugar que nos sea ajeno a todos, donde lo importante no sea el recuerdo sino el presente y el futuro, ahí donde no sea tuyo ni mío, porque el tuyo y el mío excluye el nuestro y nosotros.

Yo propongo el 11 de diciembre o el 18 del mismo mes, no en mi casa ni en la tuya, ahí a la mitad de algún sitio con todo tu hoy y sus personas inclusive para reencontrarnos, esto es todo, espero que lo leas y no encuentres los pretextos y nos veamos.

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