15 y 16 de septiembre de 2010, después del grito…

Bueno, pues ya les he comentado lo que fue el llegar al grito y quise guardar un espacio especial al tema de los festejos, lo que más me gustó:

Empecemos:

Fenomenal el asunto del coloso, hoy he dedicado algunas horas de tráfico a escuchar como en varios lados critican al coloso, que porque se parece a un contrarrevolucionario oportunista que murió en Durango por haber traicionado a unos y a otros, lo cual es bueno y supongo que alguna relevancia debería de tener en algunos sectores, pero entre que si o que no ahí les pongo unas fotos:

¡El Coloso quedaba sobre sus dos pies! No faltó el vecino que dijera, justo cuando embonaban todas las piezas: “¡Con que no se nos caiga esa madre!”, pues cabe destacar que en ese justo momento, de todas y cada una de las uniones de la escultura, salió mucho polvo, como cuando dejas caer cosas muy pesadas y al golpearse algo se pulveriza…

Otro momento increíble fue cuando los amigos acróbatas escribieron con sus cuerpos la palabra México:

Y qué decir del momento en que inició el espectáculo de fuegos pirotécnicos:

“El re-tiemble en sus centros el Hugo”:

Explosiones, explosiones y más explosiones:

Y bueno, todo eso se tornó en un gran antro, humo y luces por todos lados.

Acto seguido, partida para ver si podemos encontrar algo en Reforma, y si, nos encontré al IMS en concierto, pero no me quedé, seguí:

Y seguí:

Y no falto el Chihuahua que andaba haciendo desfiguros (no dijo nombre):

Y bueno, entre tanta caminada y caminada por el centro histórico hacía sed y la ciudad con medio ley seca, así que me dirigí al lugar que nunca falla, así es, la Zona Rosa:

No falto el inteligentísimo grupo de mexicanos que dentro de sus locales colocaron una barra y a vender alcohol dentro de restaurantes y bares, como lo decía la medio ley seca, pero no se si hablaban de algo sobre el comprar dentro y consumir fuera y así. Bueno, total que la caminada me agotó y a ¡mi acompañante también!, tuvimos que ceder ante las tentaciones de una buena copa de vino tinto y una charla. El tiempo pasó y a eso de las 3.30 am o 4.00 am, nos dio hambre y bueno, se imaginarán, no podía faltar “el jocho”:

Cansancio de muchas horas, corazón contento y regresar: ¿caminando a la alameda? Olvídalo… buscamos un taxi, solo encontramos un bicitaxi que hizo su trabajo en 10 minutos o menos, a descansar, que aun faltaba un poco más, entrada la mañana.

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