Hermosas tristes imágenes.

¿No les parece un sitio muy agradable el siguiente?

En realidad lo es, cuando llueve como el pasado domingo, el aroma que se desprende de sus jardines te lleva a soñar con bosques y tranquilidad. Ese silencio que solo puede ser interrumpido por las sirenas penetrantes de una ambulancia entrando a ¡URGENCIAS!, estoy parado en el acceso principal del Hospital Militar en la Ciudad de México.

Es increíble como el mismo lugar evoca recuerdos tan opuestos entre si, por un lado la historia de mi familia nuclear, ahí empezó todo, ahí todo era color de rosa… Ya sabes, los soldaditos de plomo saliendo jóvenes y rapados… las esposas de los soldaditos esperándoles para ‘recibirlos’… ¡el nacimiento de mi hermano fue ahí! A veces esto me recuerda como, para distraernos en el tráfico, justo cuando pasábamos frente al Hospital Militar en Periférico, mi mamá nos decía que contáramos las ventanitas que había entre la pared y las que estaba abierta que era, según, la que fue la oficina de…

Pero hoy, las circunstancias son otras, que diferentes, ¡que diferentes!

Pero es domingo, es temprano y que más se puede hacer un domingo frio con lluvia que tomarse un buen café, ¿de dónde creen?

Así es, en un intrépido viaje de algunos minutos, llegamos al corazón hippie de la ciudad de México, Coyoacan, por curioso que parezca, a la primera encontramos estacionamiento justo a una cuadra del Zócalo de Coyoacan y ni tardos ni perezosos nos encaminamos al ya citado café para llevarnos, yo no diría una sorpresa… solo confirmar lo inevitable… ¿Es tan bueno el café como para esperar una fila asi?

Y, pues justo cuando me tocó el turno de pedir mi respectivo Moka y el Choco para mi acompañante, llegaron las ¡Donas de Chocolate! Obvio, compre un par, son tan buenas….

¿Tour obligado? Pues salir caminando por la calle del jarocho sobre la acera de la izquierda, con el Jarocho a espaldas y la Delegación hacia adelante, no por la calle que va a dar por el basurero y el árbol de chicle:

Verificar que los ambulantes ya no estar ahí, pasar al lado del Kiosko y enfilarnos a la hermosa arquitectura de su ¿Catedral? ¿Iglesia? No manejo la precisión de estas palabras pero si de las imágenes…

No podía faltar un paseíto por la fuente de los Coyotes….

Las artesanías…

¡Y el trovador! Recomendable, se llama Enrique y tienes dos que tres rolas buenas… una se llama, ¿como creen? ‘Se quemó el Jarocho’! Otra, que le paso a mi Bolero o algo así… yo he tenido la oportunidad de disfrutar dos veces distintas de su show y esta apetecible… Se ubica en los patios interiores de la delegación (edificio donde se alberga la misma), si tienes suerte, te detendrá en el área entre el kiosko y los portales del edificio principal, captará tu atención y de manera muy original te invitara a oírle…

Así es, se termino el Moka, el show del trovador y la chocolatosa dona, el día y el viaje, empezó el ocaso… de todo… para todo… siempre habrá un ocaso, un viaje de regreso… un esperar con una duda, pero aun así ésta ciudad te da una probada del placer de vivir en ella…

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